“El problema en mí se agrava porque soy todo menos
espontáneo: existe un hiato intelectual que percibo demasiado bien entre el que
me siento siendo y el que me siento ser y comportarse. Este es un simulacro tan
calculado y deliberado del otro, una imitación falsa de tanta falsedad que el
original acaba por resultarme también sospechoso. Más o menos, como si Narciso
se disfrazara de sí mismo para poseerse, lo cual entra ya en el dominio de las
fantasmagorías eróticas fetichistas; la satisfacción es imposible y la
autodegradación inevitable”
Retrato del artista en 1956. Jaime Gil de Biedma