“los minutos transcurren como siglos infinitos; como si no fuera la noche la que discurre por el cielo sino la vida humana, larga como los siglos, breve como un instante”
La
paloma de plata – Andréi Biéli
“los minutos transcurren como siglos infinitos; como si no fuera la noche la que discurre por el cielo sino la vida humana, larga como los siglos, breve como un instante”
La
paloma de plata – Andréi Biéli
“arrancadas por la tempestad; era como si se hubieran secado antes de tiempo; y ahora esas hojas crujían festivamente bajo los pies del paseante casual; y el paseante casual no sabrá que allí algo murió, aunque fuera la muerte de un sentimiento pero muerte al fin y al cabo; así es un alma joven”
La
paloma de plata – Andréi Biéli
“y la gente bebía: primero el dinero, después la roba; se bebían los arneses; la isba, la mujer y finalmente hasta se bebían el alma, sí, el alma; y cuando se habían bebido el alma, tenían que marchar a recorrer el mundo; sin alma el hombre es como un frasco vacío; lo golpeas contra una piedra y... clinc... nada más”
La
paloma de plata – Andréi Biéli
“surgía del fondo de su alma como una flor sin aroma, y había hecho irrupción no como un sueño, una aurora o un prado de miel, sino como una nube, una tormenta, un tigre, un lobo, con un giro instantáneo entró en su alma y la llamaba; y la sonrisa burlona de sus labios dulces suscitaba una pena ebria, angustiada, dulce, y también risa y descaro: como la erupción de un cráter milenario resucita el recuerdo de algo que no ha existido nunca antes en tu vida”
La
paloma de plata – Andréi Biéli
“Los vencejos negros por la mañana, al mediodía y al atardecer sobrevuelan el cielo alrededor de la cruz, giran, zigzaguean, levantan el vuelo, caen, cruzan el cielo: cortan, queman el cielo, lo arañan, lo taladran con sus gritos penetrantes, infligen en el alma la eterna quemadura de un deseo incombustible y sólo se calman por la noche”
La
paloma de plata – Andréi Biéli
“Si vienes, te agasajarán; te ofrecerán toda suerte de dulces, no te dejarán marchar con hambre; echarán avena a los caballos, le darán una moneda al cochero: vive bien, echa tripa; si no quieres, que sea Dios quien te juzgue, los habitantes de Tselebeyevo no te necesitan para vivir su vida”
La
paloma de plata – Andréi Biéli