17/7/16


“¡Cómo vemos todo lo relativo al ser amado con una luz distinta, más piadosa! Y el rencor por las ofensas sufridas… ¡cómo se transforma de pronto en un remordimiento sin límite por no haberlas perdonado! Sus culpas ya no son culpas sino actos de ligereza, inocentes y hasta generosos que, por no ser lo bastante inteligentes, o por puro egoísmo, no hemos sabido reconocer como tales. ¿Qué no daríamos para que él estuviera de nuevo aquí ofendiéndonos, hiriéndonos, sí, pero devolviéndonos la vida!”
La ventana. Mario Soldati